Carl Honoré: “Para triunfar en un mundo veloz la solución no es ir cada vez más rápido”

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Carl Honoré: “Para triunfar en un mundo veloz la solución no es ir cada vez más rápido”

Carl Honoré entrevistado por Food Marketing by Irene Zibert

Atrapado por la cultura de la prisa y la inmediatez, Carl Honoré es evidencia de la autenticidad de las ideas que impregnan las páginas de sus libros y seducen audiencias en sus conferencias y asesorías. Con Carl se recupera el sentido de cultivar la profundidad y el valor de las relaciones humanas que por naturaleza son lentas; esas que permean la superficie de lo aparente y confirman que pocas cosas son más satisfactorias que tomarse el tiempo justo para apreciar la humanidad de los otros y beber de las fuentes de la inspiración.

Tan espontánea como sin prisas surgió la oportunidad de concertar una entrevista con Carl Honoré para disfrutar del arte de escuchar y conversar con el hombre que ha puesto nombre a una de las más auténticas y profundas revoluciones de nuestro momento histórico: el Movimiento Slow.

Food Marketing: Carl, con tu propuesta asumiste el riesgo de apostar por lo no convencional, por el trabajo que se hace con rigor, conciencia plena, atenta y reflexiva. ¿Trabajar, hacer las cosas y vivir de esa manera, promover un cambio como el que desencadenó el Movimiento Slow, incomodó a muchas personas?

Carl Honoré: Al principio mis ideas incomodaron a bastante gente porque cuestionaban los paradigmas aceptados como dogmas de la productividad, el éxito y el desarrollo, instando a salir de la zona de confort de lo conocido. No obstante, así como me ocurrió a mí, que un día decidí parar y replantear mi forma de vivir, hay muchas personas que se encuentran en esa encrucijada, con ganas de cambiar, pero atenazadas por demasiada inercia y obstáculos. Sin duda hay que hacerlo y asumirlo como un riesgo, aunque dé miedo o pueda parecer incompatible con el ritmo que lleva la cotidianidad.

 

Carl Honoré La revolución Slow

 

La cuestión está en permitirse escuchar la voz de tu propia naturaleza, que te pregunta cómo te sentirás después si no asumes el riesgo de cambiar. En mi caso logré hacer algo que me apasiona e inspira a millones de personas. Ahí residen mi esperanza y las razones por las que soy optimista, en el ver como cada día más personas, y sobre todo las nuevas generaciones, no están dispuestas a seguir a ciegas las reglas no escritas de lo conveniente, no aceptan el mundo tal y como está, buscan otro camino y obtienen resultados de cambio sumando voluntades.

Por eso hay que seguir estimulando el talento y la creatividad, porque incomoda a la inercia. Es importante incomodar en el buen sentido, plantear retos que están más allá de lo habitual. Si nunca incomodas –a ti mismo y a los demás- te estás perdiendo la vida.

FM: ¿Hay que atreverse a ser diferentes?

CH: Sin lugar a dudas. La “incomodidad” que produjeron mis planteamientos Slow -que no son otra cosa que ralentizar de forma racional para llegar a ser realmente modernos- abría un desconcertante universo de opciones para las personas obsesionadas con la velocidad imparable que trajo consigo el advenimiento de la tecnología y las comunicaciones omnipresentes. Por eso lo Slow pretendió calificarse de utopía o romanticismo del siglo XIX.

La deliciosa paradoja de la lentitud en grandes empresas y multinacionales -por poner ejemplos donde se ha aplicado un cambio de paradigma, de lo Fast y siempre conectados, hacia lo Slow y oportunamente desconectados- demuestra que los resultados mejoran exponencialmente cuando se entiende y asume que para triunfar en un mundo veloz, la solución no es ir cada vez más rápido sino apostar por la adecuada desconexión, por la concentración y la meditación que estimulan la creatividad, la capacidad de escuchar, las relaciones entre las personas y el sentido de equipo; por una cadena de mejoras que repercuten en la salud, la calidad de la alimentación y el sueño, que son factores muy perjudicados por la adicción a la aceleración. Más pronto que tarde se comprueba que la buena lentitud proporciona mayores niveles de placer.

Sin lugar a dudas hay que atreverse a ser diferentes porque merece la pena que muchas personas pongan su grano de arena para seguir resistiendo.

 

“La buena lentitud proporciona mayores niveles de placer”

 

FM: Creo intuir que en tu escritorio te esperan páginas en blanco y casi tienes la pluma en la mano.

CH: El proceso de llegar hasta aquí me plantea desafíos constantes y creo que ha llegado el momento de buscar otra manera de retarme a mí y al mundo. Estoy en fase de transición.

 

Buena lentitud vs Mala lentitud

 

FM: El lado Slow de la vida y el trabajo es una propuesta tan suculenta que genera muchas preguntas. Suelo escucharlas por mi enfoque como periodista Slow y divulgadora del movimiento Slow Food, pero nadie como tú recibirá más preguntas al respecto. ¿Cómo responde Carl Honoré a esas preguntas, que más que una respuesta aspiran a una fórmula mágica para acceder al mundo Slow y ponerlo en práctica de inmediato?

CH: Ralentizar es un proceso que implica desacelerar lentamente, por tanto no hay fórmulas mágicas, remedios milagrosos ni soluciones rápidas. No tiene sentido pretender lograr la calma interior rápidamente, de un día para otro. Para las personas o empresas sumergidas en la aceleración, la idea de desacelerar lentamente puede parecer una paradoja, pero sin lugar a dudas ese es el camino.

 

La buena lentitud de la tortuga interior Carl Honoré

Cambiar hacia un modelo de existencia Slow -de buena lentitud- es un proceso de mediano y largo plazo en el que se avanza poco a poco, paso a paso, teniendo en cuenta que probablemente algunas veces también se tenga que retroceder. No se trata de una curva perfecta de ascenso hacia un estado sublime de lentitud porque el proceso se experimenta simultáneamente en una vida que mantiene el ritmo, la velocidad y un estilo que van al margen de nuestros propósitos.

 

 

“Llegar a ser Slow no es curva perfecta de ascenso hacia un estado sublime de lentitud”

 

FM: Tú y muchas personas en el mundo representan la evidencia de que sí se puede; se trata del cambio lógico hacia la plenitud y una idea de futuro viable a escala humana. ¿Cómo empezar?

CH: Si se trata del cómo es imprescindible vivirlo. Una cosa es escuchar argumentos, estudios, estadísticas y otra muy distinta experimentarlo.

Algo que suelo aconsejar a las empresas o personas que quieren iniciar el proceso es empezar por pequeños cambios, por ejemplo, dejar la oficina a la hora prevista, desenchufarse de los dispositivos durante determinadas horas del día y después de una semana reunirse y conversar, intercambiar ideas sobre cómo se han sentido, cómo han vivido durante esos momentos.

En mi experiencia, esos pequeños cambios abren caminos a cambios más profundos y más duraderos. Se pueden leer libros como los míos, asistir a charlas que nos inspiren, pero si no se hacen pequeños cambios para empezar el proceso hacia un estilo de vida Slow, la prisa y el frenesí cotidiano vuelven a contaminar las intenciones. Es imprescindible, esencial, experimentarlo con pequeños pasos cotidianos, pero pasos reales y vividos con conciencia!!

Se trata de cambiar hábitos y herencias culturales que tienen raíces muy profundas. Por tanto, no es extraño que no se pueda forjar un mundo Slow en plazos de 5 a 10 años. Es un proceso de largo recorrido como otras revoluciones sociales -el feminismo, el ambientalismo, por ejemplo- con décadas de evolución y que hoy en día evidencian saltos exponenciales y avances con respecto a la situación de hace 50 – 60 años.

Pienso que el movimiento Slow está en la primera fase, en la primera etapa: la de toma de conciencia y sensibilización, y si bien cada vez más personas están buscando la manera de ponerlo en práctica, aún falta mucho por hacer.

 

“El proceso se inicia con pequeños cambios que hay que vivir paso a paso”

 

El poder de las utopías

FM: Las utopías están para retarnos. Una de enormes proporciones es la del trabajo Slow, que parece tan inalcanzable en sociedades como la nuestra, donde los horarios laborales y la productividad no acaban de darse la mano y mucho menos entenderse.

CH: El mal uso del tiempo lleva a la improductividad y a horarios demenciales de trabajo que representan ejemplos de mala lentitud. Si se pierde el tiempo y la concentración con la mala lentitud, que por lo general es el resultado de muchas interrupciones y falta de planificación, obligatoriamente toca acelerar en otros momentos que no conviene.

 

“Es imposible declarar unilateralmente la lentitud”

 

El cambio hacia una vida Slow es un proceso orgánico e individual, pero a la vez colectivo. Es imposible declarar unilateralmente la lentitud porque estamos todos conectados, y es necesario que lo hagamos juntos. De un lado está lo que cada uno puede y debe hacer en la vida individual, personal. Del otro lado están los cambios que hay que hacer colectivamente. Estos asuntos van de la mano; no se puede avanzar dando la espalda el uno al otro.

 

Seguiremos conversando con Carl.
¡Hasta la próxima Food Talk!

Escrito por: Irene Zibert